La Librería de Ávila es la más antigua de Buenos Aires y, ostenta su dueño, Miguel Ávila, “también es la más antigua del país y, según una investigación del escritor español Jorge Carrión, del mundo. Fue declarada Lugar Histórico Nacional y de Interés Cultural, y Patrimonio Histórico de la Ciudad de Buenos Aires”. Construida en 1785 con paredes de adobe y techo de paja, nació como botica y librería y, durante años, fue punto de encuentro de próceres como Manuel Belgrano y Mariano Moreno. Tuvo varios propietarios, entre ellos el Arzobispado. Hoy es un tesoro histórico de Buenos Aires que pertenece a Miguel Ávila, que a principios de los ’90 la salvó de convertirse en un local de comida rápida.
Ávila se enamoró de esa esquina de Alsina y Bolívar que estaba abandonada hacía años y destinada a la demolición, y mudó su librería Fray Mocho, en Piedras al 100, a ese rincón de Buenos Aires, uno de los más antiguos de la ciudad, a metros de la Iglesia San Ignacio de Loyola. Librería de Ávila conserva todavía su espíritu colonial y se especializa en historia argentina y latinoamericana, con libros muy antiguos y rarezas culturales.
Fue fundada en 1785 por Francisco Salvio Marull, uno de los pocos boticarios que entonces vivía en el Virreinato del Río de la Plata. Ubicada frente al Colegio Mayor de San Carlos, que luego fue el Nacional Buenos Aires, Marull la bautizó como Botica y Librería del Colegio, porque además de libros vendía hierbas medicinales. Así, en esta ochava que en aquellos años formaban las calles San Carlos (Alsina) y Santísima Trinidad (Bolívar), se curaron los heridos de las invasiones inglesas en 1807.
En 1801, fue el único lugar en vender el primer periódico porteño, El Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiográfico del Río de la Plata. “Fue testigo de nuestra historia y es lo único que queda en pie de todo el Imperio Español, desde el norte de México hasta Ushuaia, es esta librería”, cuenta Ávila sin disimular su orgullo.
Con el tiempo, fue la primera casa de la ciudad en tener dos pisos: en el primer piso vivía el dueño de turno y en la planta baja funcionaba la librería que vendía hierbas medicinales, charque, ginebra, azúcar y también objetos relacionados con el gauchaje como botas de potro y facones.