abril 19, 2026

Ricardo Darín: del “sube y baja emocional” y su futuro como abuelo a por qué Florencia Bas le sacó “tarjeta roja”

Es casi imposible que alguien vea circular a Ricardo Darín por José Ignacio en pleno enero. El actor argentino más famoso del último tiempo -con un Oscar en su haber por El secreto de sus ojos (2010) y un Goya por Truman (2016)- prefiere recluirse en la finca que construyó él mismo en el balneario y disfrutar de la paz que le brinda este sitio al que regresa cada vez que puede para andar en chancletas y pasear por la playa con sus perros.

Es raro que se muestre, hizo una excepción para acompañar a su amigo Federico Álvarez Castillo en la apertura de un local de indumentaria en José Ignacio.

Darín llegó junto a su esposa Florencia Bas poco antes de las 19, vestido de jeans y zapatillas, y disfrutó de un mágico atardecer entre risas y vino, en una ronda done también estaban Nicolás Repetto y Florencia Raggi.

No paró de hacer chistes y se sacó selfies con los que, sorprendidos por su presencia, pararon en la puerta del local: lo saludó desde una niña hasta una señora brasileña. Posó con amabilidad y una sonrisa, la misma actitud que tuvo con El País en una charla distendida y exclusiva, donde reflexionó sobre su intenso 2025, recordó a China Zorrilla, habló de su amistad con César Troncoso, el éxito de El Eternauta (Netflix) y lo que hoy más lo emociona: el abuelazgo.

Los también actores “Chino” Darín y Úrsula Corberó lo convertirán este febrero en abuelo de un varón, según confirmó a El País, aunque sin revelar el nombre del bebé -”no lo sé, ni ellos lo saben, creo”, se justificó- y eso lo tiene fascinado: “No hay mejor proyecto que ese”.

-Dejás atrás un año intenso y maravilloso a nivel profesional, con el éxito de El Eternauta, y además con la noticia de que serás abuelo. ¿Cómo te sentís?

-Fue un año muy potente en todo sentido. En la parte profesional todo es bienvenido, esto de saber que vamos a ser abuelos en febrero es algo absolutamente maravilloso, pero también murió mi hermana (Alejandra Darín) en enero del año pasado, entonces todavía estoy en ese sube y baja emocional, donde si me apurás un poco, te digo que lo profesional pasa realmente a tercer o cuarto lugar.

-La llegada del nieto les devuelve la vida…

-La vida es maravillosa en algunos sentidos y esta noticia de que vamos a ser abuelos, de alguna manera, viene a levantarnos un poco el ánimo. Y son de las pocas cosas extraordinarias que tiene la vida: te compensa, casi sin esperarlo, a pesar de que nadie reemplaza a nadie. Fue un año muy intenso.

-Es lógico aunque extraño escuchar que tu vida profesional haya pasado a tercer plano…

-Sin duda alguna, es como cuando un hijo tuyo tiene fiebre, no te importa nada más en el mundo. Hay cosas que son así y no van a cambiar.

-Volvamos a las buenas nuevas. Tu hijo te contó a vos primero que iba a ser papá y hasta tuviste que ocultárselo a tu esposa, ¿no?

-Por una cuestión de prudencia, él decidió no hacerlo extensivo. Me lo contó porque estaba en un momento complicado y me pidió que charláramos para solucionar el tema logístico. De paso me dijo: “Preferiría que no dijeras nada hasta tanto esto no esté confirmado, después de los tres meses”. Y eso hice. Por supuesto que me valió que me sacaran la tarjeta roja en mi casa. Mi mujer me dijo, ‘¿cómo no me contaste?’ Pero él me pidió por favor, ¿qué voy a hacer?

-¿Lloraste mucho al enterarte?

-No lloré, estoy emocionado pero con mucha prudencia, muy en calma. Seguramente voy a llorar porque soy bastante llorón.

-¿Cómo te imaginás en el rol de abuelo? Además, tendrá un gen artista fuerte: padre, madre, abuelo…

-Por todos lados. La verdad es que no sé, es una página nueva, pero todos me dicen que es una de las cosas más espectaculares y espero que sea así.

-Sos un tipo que se caracteriza por el perfil bajo y José Ignacio es un balneario bastante top. ¿Cómo te acoplás a eso?

-Lo que ocurre con José Ignacio es que se sobredimensionó en muy poco tiempo. Antes era un lugar al que la gente venía porque hay buenos restaurantes, porque el trato es bueno, el pueblito es una bomba; ahora se transformó en un lugar obligado, ya no es más de tránsito. Nosotros estamos en una casa bien encanutada, tranquila.

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